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La demanda energética aumenta con el avance tecnológico y social. Por tanto, en un mundo en constante expansión, debemos localizar fuentes de energía y vectores energéticos que minimicen el impacto ambiental.

Las energías renovables son inagotables e infinitas, pero dependen de las condiciones climáticas. Además, existe un desfase entre horas de producción máximas y las de consumo. La solución es almacenar esta energía para verterla a la red cuando exista demanda. Sin embargo, los sistemas de almacenamiento tradicionales no son capaces de almacenar tanta cantidad de energía por el tiempo necesario. Es ahí donde entra el hidrógeno. Mediante la electrólisis del agua, se obtiene hidrógeno, que se puede almacenar y usar posteriormente para producir energía.

Para aplicaciones más exigentes como transporte marítimo, se están probando combustibles sintéticos a base de hidrogeno verde o incluso amoniaco sintetizado también con hidrogeno verde.

El uso del hidrogeno como vector energético, favorece el autoconsumo y reduce la dependencia de energía importada. Además de contribuir a la descarbonización de la industria.

  • HIDROGENO EN MOVILIDAD

La industria europea del automóvil ha apostado por un cambio tecnológico hacia el vehículo eléctrico. Sin embargo, la sustitución del parque automóvil actual por 100% eléctrico presenta multitud de problemas y limitaciones. Además de ser accesible solo para gente con altos ingresos económicos. Para solucionar estos problemas se plantea la implantación de vehículos de hidrogeno. El hidrógeno se puede utilizar de diversas formas para conseguir la propulsión de un vehículo, generando energía eléctrica o mecánica. Estos vehículos aúnan lo mejor de ambos mundos, siendo ecológicos y teniendo rangos de desplazamiento superiores, además de tiempos de carga similares a los vehículos actuales propulsados por combustibles fósiles.